Hacia una nueva presencia – Intro y documento Francisco Sosa El modelo propuesto por el documento se ubica en línea con el planteo del magisterio social de Francisco, especialmente en la elección de la parábola del “Buen Samaritano” (Lc 10, 30-36) como lo hizo en Fratelli Tutti para la paz y la amistad social. De aquí se desprenden dos cuestiones que propongo para reflexionar brevemente: ¿se puede ser prójimo de todos en las redes sociales? Y, consecutivamente, ¿se puede construir comunidad más allá de todas las diferencias? Quién es el prójimo Para definir al “otro”, al “prójimo herido”, en las redes sociales, el documento cita a Francisco: “para decidir quién es mi prójimo y quién no lo es. Depende de mí ser o no prójimo —la decisión es mía—, depende de mí ser o no ser prójimo de la persona que encuentro y que tiene necesidad de ayuda, incluso si es extraña o incluso hostil” (55) y cita como ejemplos de discordia discusiones que se dan en las redes incluso entre mismos católicos. Aún más, haciendo una lectura transversal del documento, podemos observar que la diferencia entre “unos” y “otros” no está claramente delimitada, es decir, no se refiere solamente a católicos y no católicos, ni siquiera a creyentes y no creyentes, sino tan solo a aquello de “unos” y “otros” que discuten, que se pelean e insultan, sin entrar en diálogo, evangelización o comunión. Esta ambigüedad en la no definición puede manifestar, no una carencia, sino una riqueza: el llamamiento se dirige a lograr la comunidad, más allá de las diferencias (dentro de la Iglesia “todos, todos, todos” como dice Francisco a menudo). Sin embargo, abandonando una actitud ingenua, también a menudo parece difícil lograr la comunión frente a algunas posiciones tan radicalizadas o extremas. Y no pienso aquí en no creyentes o de otras confesiones, sino en particular en mismas personas católico-romanas. Y si bien es cierto también que la tensión y el conflicto son sanos, y que sería un error pedir uniformidad cuando la Iglesia es “católica”, también es cierto que hay sectores (muchos en las redes sociales) que polarizan sus opiniones convirtiéndose, incluso, en propagadores de la exclusión y del odio. ¿Cómo ser y hacer la comunidad frente a esas diferencias? El documento propone hacia el final construir comunidades en las redes sociales. Y frente al planteo hecho en el punto anterior, creo que conviene recordar el principio bergogliano de que “la unidad prevalece sobre el conflicto” (EG 226). El documento refuerza la importancia del encuentro, la comida, el compartir de forma presencial, generando comunidad y encontrándose en la Eucaristía. Sin embargo, al igual que herido al costado del camino en la parábola del buen samaritano, también nos encontramos en las redes sociales con personas que están muy alejadas no sólo de prácticas eclesiales, sino también de posibilidad de encuentro presencial (ya sea por distancia geográfica y/o por existencial). En este sentido, en línea con el magisterio pastoral de Francisco, es importante recordar que debemos priorizar el tiempo y los procesos (EG 222), más que espacios a conquistar. La evangelización de imposición doctrinal y disciplinar, de tirar por la cabeza verdades, ya no tiene lugar, mucho menos lo tiene en el espacio digital. No pueden las redes sociales seguir siendo monólogos cruzados disfrazados de diálogos en posteos y comentarios. Por último, como recuerda el documento, la Iglesia es esencialmente comunidad, no evangelizamos solos, la lógica de los influencers que actúan en solitario y aislados no debería tener lugar en el cristianismo. Urge también generar no sólo redes, sino comunidad y fraternidad entre evangelizadores digitales. No es sólo encontrarnos para la Eucaristía o para compartir espacios, sino pensarnos como comunidad eclesial, que se une en las diferencias y que sabe verdaderamente apreciar y celebrar su diversidad, que se reconoce “asamblea sinodal” que anuncia, de manera una y plural, el Reino y el amor de Dios. A continuación transcribimos el documento completo: DICASTERIO PARA LA COMUNICACIÓN Hacia una plena presencia -Reflexión pastoral sobre la interacción en las Redes Sociales 1. En la era digital, la humanidad ha dado grandes pasos hacia adelante; pero una de las cuestiones urgentes que aún quedan por abordar es cómo podemos vivir en el mundo digital -en cuanto individuos y en cuanto comunidad eclesial-, con amor al prójimo, estando presentes de manera auténtica, atentos los unos a los otros en nuestro viaje común por las “autopistas digitales”. Los avances en la tecnología han hecho posibles nuevas formas de interacción humana. De hecho, la cuestión ya no es si interactuar o no con la cultura digital, sino cómo hacerlo. Las redes sociales, en especial, son ambientes en los que las personas interactúan, comparten experiencias y cultivan relaciones como nunca se había hecho antes. Sin embargo, a medida que la comunicación se ve cada vez más influida por la inteligencia artificial, se plantea la necesidad de redescubrir el encuentro humano en su esencia misma. En las dos últimas décadas, nuestra relación con las plataformas digitales ha sufrido una transformación irreversible: ha surgido la conciencia de que estas plataformas pueden evolucionar para llegar a ser espacios creados conjuntamente, y no solo algo que usamos de forma pasiva. Los jóvenes -y también las generaciones de más edad- piden que vayamos a su encuentro allí donde están, incluidas las redes sociales, ya que el mundo digital es “una parte significativa de la identidad y del estilo de vida de los jóvenes”[1]. 2. Muchos cristianos solicitan inspiración y guía, porque las redes sociales, que son una de las expresiones de la cultura digital, han ejercido un profundo impacto en nuestras comunidades de fe y en nuestras trayectorias espirituales personales. Los ejemplos de interacción fiel y creativa en las redes sociales abundan en todo el mundo, tanto por parte de comunidades locales como de personas que dan testimonio de su fe en estas plataformas, con frecuencia de modo más difusivo que la Iglesia institucional. Asimismo, existen numerosas iniciativas pastorales y educativas desarrolladas por Iglesias locales, movimientos, comunidades, congregaciones, universidades e individuos. 3. La Iglesia